viernes, 18 de noviembre de 2011

Aprender, todo se aprende -

Ni los buenos son tan buenos, ni los malos tan malos. Ni los Reyes Magos, ni Papá Noel te vigilan todas las noches del año para ver si te portas bien o no. Y eso de que los besos de ciertas bocas saben mejor y que los te quiero en susurros son los más bonitos. Que es una sensación diferente cuándo alguien te da un abrazo por necesidad o por nada. Ni debajo de la cama está el coco que te va a comer, ni en los armarios hay monstruos esperando a que los descubras, ni en la oscuridad está el viejo vampiro que te va a chupar la sangre. 
Ahora aprendí que amigos de verdad se cuentan con los dedos de las manos, que ser feliz se trata de complacer y ayudar a otros, no de tener todo lo que quieres. Pero lo que sé con clara certeza es que de siete días que tiene la semana, yo te quiero ocho. Que de treinta o treinta y un días que tiene el mes, yo te quiero treinta y dos. Y que de trescientos sesenta y cinco días que tiene el año, yo te quiero infinito (y acuérdate, el infinito es enorme).

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